Había una vez un niño, como cualquier otro, que la curiosidad que tenía era tanta que hasta podria regalarla. Todo le llamaba la atención y lo encontraba impresionante, cada cosa de la vida tenía su encanto y estaba siempre emocionado por saber cosas nuevas.
Un día el niño decidió salir a pasear con su pelota favorita a los alrededores de la casa. El siempre tenía la costumbre de salir y explorar lugares nuevos para saciar su sed de curiosidad.
Mientras seguía en su paseo, encontro un parque y decide ir a jugar con su pelota.
"Hace tiempo que buscaba un parque para después invitar a mis amigos a jugar", pensaba el niño, cuando pateo su pelota, y sin darse cuenta, este se dirigió a un bosque cercano. Como que la misma pelota cambio el curso que tenía al ser pateado por el niño y tomó uno nuevo, casi por voluntad propia, ya que el viento también causó dicho fin.
Por un momento el niño pensó que el bosque lo llamaba, pero después su cordura volvió y decidió ir tras su preciada pelota.
No tomó mucho tiempo para que se perdiera y entrara en pánico, pero luego recordó algo que su madre le dijo: "Siempre cuando estés en una situación dificil, relajate, así pensarás con más lucidez" Algo que no le gustaba de los consejos de su madre era que siempre estos tenian una palabra que el no conocía, en este caso, lucidez, una palabra fundamental en ese caso, pero no tardó en descubrir su significado, ya que se relajó y pudo entender lo que quería decir.
"Debería fijarme en la posición del sol, pero este bosque es muy denso, no veo nada, aunque también podria ver mis pisadas a ver si me llevan a la salida de este bosque... Mmm, acá hay muchas plantas, me dificultan ver a donde he pisado. A ver..." Estos eran los pensamientos del niño a medida que pasaba el tiempo y cada vez se oscurecía más, hasta que oyó una voz.
"Acercate, sigue mi voz"
El niño quedó sorprendido, sabía que no era una persona, era imposible, habia estado quieto por horas pensando, por lo que era improbable que haya emitido algún ruido, y su estatura no superaba el tamaño de algunos arbustos. Trató de fijarse bien en los alrededores.
"No veas con tus ojos, ve con tus oídos"
El niño le hizo caso inmediatamente. "No tengo nada mejor que hacer. No puedo salir solo de este bosque, si esta voz me ayuda a salir, mejor no perder el tiempo y obedecerle" pensó el.
El empezó a seguir a la voz con sus oídos, hasta que tomo algo del suelo y luego abrió los ojos, era una simple vara de madera. El niño no podia entender que era lo que pasaba.
"Es verdad que los ojos estan para ver, pero no todas las cosas del mundo están para los ojos"
Derrepente la vara empezó a desvanecerse y concentrarse en un punto. El niño no podía creer lo que pasaba, estaba asustado, pero fascinado al mismo tiempo.
Finalmente la vara había desaparecido y luego empezó a hacer lo contrario, comenzó a atenuarse, y, en vez de ver una vara vio un báculo de color cobalto que tenía un mango de oro puro con una insignia de un búho y la parte posterior era de plata y terminaba en punta.
- ¿Pero que cosa es esto? ¿Tú eres el que me ha hablado?
- Así es, ¿no te sorprende que un objeto te hable y no una persona?
El niño estaba anonadado, pensaba que se vería bastante ridículo hablar con un objeto, pero eso no le importaba en lo absoluto, el tenía muchas preguntas que hacerle, pero no sabía como comenzar.
- Relájate, que aparte de ser un objeto y no una persona, también se lo que piensas, ya te contaré todo.
"Pero que día mas extraño, yo solamente salí a caminar con mi pelota y termino en este bosque extraño y me esta hablando un pedazo de madera", pensaba el niño.
- Bueno, antes que nada, no soy un pedazo de madera, soy un báculo mágico que, alguna vez, le pertenecí a un mago. En esos tiempos, los magos eran comunes, aunque no todos podían serlos, debían tener sierta... facilidad para canalizar las energías de la naturaleza, y eso es algo que no todos tienen, en fin. Hace mucho tiempo hubo una disputa entre dos gremios bastante poderosos y termino en una guerra bastante trágica. Mi dueño se refugio en este bosque que, lamentablemente, esta encantado, solo los sábios podían refugiarse y sobrevivir, los de mentes débiles simplemente perecían. Mi dueño, por la guerra, estaba realmente asustado y nervioso, por lo que el bosque hiso de las suyas y tomó su vida, y yo quedé aquí en este desolado bosque. Me viste como una simple vara de madera, porque yo necesito a un oyente de la naturaleza para ser el que soy, y es bastante dificil ue alguien me encuentre aqui, pero finalmente alguien me encontró, y ese eres tu.
El niño no entendíó mucho a lo que se refería con "escuchar la naturaleza".
- Mira, escuchar a la naturaleza se refiere a estar en silencio, escuchar el sonido del viento, las hojas, los arbustos, y eso incluye a los animales, con que sean diferente no quiere decir que no puedan hablar.
- Entonces, ¡¿los animales y las plantas hablan?!
- Pues claro, en su idioma obviamente, pero los que escuchan, pueden entenderlos, solo debes prestar atención, si quieres, intentalo.
Bastante emocionado, no perdió esa grán oportunidad y concentro todos sus pensamiento en escuchar todo su alrededor, pero no logro escuchar nada mas que lo de siempre.
- No busques escuchar a la naturaleza, no pensaste en eso cuando me escuchaste, es algo que se da por si mismo, relajate.
Con más seriedad, lo intentó denuevo. Relajo todos sus musculos, ya que estaba tenso y emocionado, respiró hondo y cerro los ojos. Unos minutos después pudo esuchar unos susurros, y felizmente escucho que lo guiaban a la salida.
- ¿Lo vez? Tienes un gran don, no lo desperdicies, si quieres puedes llevarme contigo a tu casa, supongo que te faltara algo de compañia, o al menos algo para conversar.
El niño, agradecido lo llevo con el y caminaron por el bosque hacia la salida.
Juntos conversaron de muchas cosas, el origen de la magia, quien lo descubrió, los tipos de magos que habían, incluso el báculo tenia sus propias dudas sobre el mundo actual y quedó impresionado con las descripciónes del niño. Derrepente se tocó un tema.
- ¿Sabes algo? Los niños me impresionan bastante...
- ¿Por qué lo dices?
- Se impresionan con todo, porque todo lo que ven, tocan, saborean, huelen, lo han hecho por primera vez, asi que todo es nuevo y maravilloso para ellos. Pero es una pena cuando crecen. Todo ese espiritu de descubrir cosas nuevas, sentir curiosidad por todo, los sueños, se van deteriorando de a poco hasta que solo les queda un vacio y una vida rutinaria. Pierden la fe en ellos mismos. Pero algo despierta en ellos en una etapa de sus vidas, cuando son padres.
- ¿Cuando son padres?
- Así es. Ven que su hijo se emociona por las cosas nuevas que ellos ya encuentran rutinario, pero como el se emociona tanto, que los padres también, y se fijan en lo que nunca se habian fijado antes, los arboles, animales, el cielo, odas esas cosas simples y comunes, les ven algo especial. Nace un hijo, y los padres también.
El niño pensó mucho lo que le dijo el báculo, lo reflexionó a fondo, cosa que no fue muy profundo ya que... solo es un niño.
Salieron del bosque y porfín llegaron a la casa del niño.
- Necesito un favor...
-¿Cual es?
- Hace mucho tiempo que estaba atrapado en ese bosque, y en verdad yo debí haberme ido hace ya mucho tiempo, quiero que me arrojes al fuego, y asi poder descanzar en paz. Aunque solo sea un báculo, igual envejecemos, el bosque me tenía atrapado con vida eterna, pero ya que salí de ahí, empezaré a envejecer, pero prefiero mas una muerte inmediata, si no es mucha molestia, ya es hora de mi descanzo.
- Pero yo no puedo hacer eso, ¡no quiero! Eres mi amigo, ademas mi mama te verá y preguntara que es lo que estoy trayendo y...
- No, no me verá, solo sere una simple vara para ella, por favor necesito que me hagas este favor. Fue un gusto haberte conocido y muchas gracias por liberarme...
EL niño sollozando, se despidió de su amigo y entro a la casa y rápidamente lo arrojó a la chimenea. Este rápidamente se consumió en cenizas.
Su mamá lo vio y este lo abrazo con fuerza, y le conto todo l oque le habia pasado en el dia. Sobre el bosque, el báculo, la naturaleza, en fin. Su mama no le creyó
- Deja de fantasear y anda a costarte que ya es bien tarde.
Enojado, se fue a su habitación y se acostó sobre la cama. Se relajó rápidamente y empezó a repasar todo lo que habia hecho y lo que el báculo le había dicho. Luego de tanto repasar, el niño sonrió y dijo:
- Parece que tengo trabajo por hacer en esta casa...
domingo, 13 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
